martes, 13 de mayo de 2014

¿Por qué a veces nos cuesta tanto escribir y qué podemos hacer al respecto?


Como seres humanos que somos, no existe una única causa que nos impida o dificulte escribir. Muchas veces se combinan tantos factores que nos cuesta darnos cuenta de cada uno de ellos por separado y solo vemos un inmenso bloque o una bola de nieve que baja por una montaña y se hace cada vez más grande.

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Las dos últimas semanas fueron supremamente ocupadas para mí y encima me enfermé. En los ratos en los que conseguía un poco de tiempo me sentaba a intentar escribir pero no podía hacerlo. No lograba concentrarme, ni si quiera sabiendo qué era lo que quería escribir y teniendo una idea de cómo hacerlo.

No quería desperdiciar ese valioso tiempo que había logrado sacar para ponerme a escribir, pero viendo que después de varios intentos no lograba a avanzar nada, me puse a pensar sobre qué era lo que estaba impidiéndome escribir.

Me di cuenta que había cosas que debía hacer prontamente y que no había hecho aún, y que al sentarme a escribir sin haberlas hecho antes me sentía culpable y eso distraía mi atención. Además, la cosa empeoró cuando me enfermé. Tuve un bajón muy fuerte de energía y menos me alcanzaba el tiempo ni siquiera para las cosas que sí venía haciendo antes.

Inicialmente, al ver que no avanzaba en la escritura, hice una lista de aquellas cosas no relacionadas con la escritura que requerían mi atención urgente. Y las fui resolviendo una a una, haciendo un “chulito” a la derecha de cada ítem para llevar cuenta de lo que ya había hecho y lo que me faltaba por hacer.


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Ya había cumplido o solucionado la mayor parte de la lista cuando me enfermé. Entonces, sabiendo que estando enferma no tendría las fuerzas y energías suficientes para resolver el resto de situaciones, me concentré en primero recuperar mi salud. Así que me cuidé y me permití descansar.

Algo de lo que me di cuenta cuando me enfermé es que había intentado mantener el mismo ritmo de trabajo en la escritura que había llevado durante el CampNaNo de abril. Un ritmo más alto al que estoy acostumbrada. Y tras reflexionar sobre ello, me di cuenta que así como un atleta necesita descansar entre una maratón y otra, yo necesitaba darme un descanso después del ritmo tan exigente que había llevado durante el campamento de escritura.

Teniendo en cuenta esta experiencia, me puse a reflexionar sobre las diferentes razones por las que en algún momento u otro no había logrado escribir aunque quisiera. Entonces surgió, poco a poco, la lista que presento a continuación y que he ido ampliando a medida que se me van ocurriendo más “posibles causas”.

Causas físicas

- Hambre, sed, sueño o cansancio.

- Estamos enfermos.

- Estamos en una posición incómoda: la silla no es la adecuada, el teclado está muy alto o muy bajo, la pantalla está muy alta o muy baja, nos duelen los dedos, nos duele la muñeca, etc.

- No tomamos descansos periódicos y por lo tanto: nos duele el cuerpo, nos arden los ojos, nos sentimos mentalmente agobiados, etc.

- Condiciones ambientales y del espacio de trabajo: hace mucho calor o mucho frío, hay un olor que nos distrae, hay mucho ruido, nos sentimos asfixiados con tanto silencio, hay demasiada luz o muy poca. Todo está muy desordenado, estamos en un espacio muy pequeño y nos sentimos apretujados, etc.

- Falta de recursos suficientes: se nos dañó el computador, no sirve la impresora, se nos acabaron los “post-it” (notas adhesivas), se le acabó la tinta al lapicero, no tenemos más papel, etc.

Causas mentales

- No nos gusta o nos aburre lo que estamos escribiendo.

- Tenemos mucho que hacer y no sabemos por dónde empezar. Nos sentimos abrumados o terriblemente confundidos.

- Falta de organización: cuando necesitamos recordar un dato sobre un personaje no logramos encontrar la información entre tantos papeles o documentos de Word. Tenemos tantos apuntes en libretas, cuadernos, servilletas y otras hojas sueltas que se nos dificulta recuperar cualquier tipo de información cuando la necesitamos. Nuestro lugar de trabajo es caótico y eso nos genera interferencia cognitiva, nos impide o dificulta concentrarnos.

- Queremos hacer todo perfecto y no nos damos la oportunidad de cometer errores y aprender de ellos.

- Tenemos intereses en conflicto: hay dos cosas que queremos o debemos hacer y no logramos elegir una de ellas.

- Necesitamos más información para continuar escribiendo (tal vez es hora de investigar sobre la vida en la Inglaterra del siglo XIX para nuestra novela histórica, o necesitamos definir cómo funciona la magia en nuestro mundo de fantasía).

Causas emocionales

- Estamos preocupados por algo.

- Nos sentimos culpables por algo (tal vez estamos intentando escribir cuando tenemos deberes más apremiantes que no hemos cumplido. Tal vez, por ejemplo, deberíamos estar terminando un trabajo de la universidad en vez de estar escribiendo; o tal vez deberíamos ir a pagar un recibo antes de que nos cobren multa por mora, etc.)

- Nos sentimos tristes o ansiosos por algo (lo primero baja nuestros niveles de energía y lo segundo dispersa nuestra atención, haciendo difícil concentrarnos para escribir)

- Estamos enojados.

- Sentimos miedo (miedo al fracaso, miedo al éxito y las responsabilidades que conllevaría, miedo a la incertidumbre, miedo a no ser lo suficientemente buenos, miedo a estar desperdiciando nuestro tiempo, etc.)

- A veces incluso emociones positivas pueden distraernos: estamos emocionados porque vamos a ir a un concierto de nuestra banda favorita, o nos acaban de dar un comentario muy bueno sobre algo que publicamos y nos sentimos tan felices que no hacemos más que repasar en nuestras mente el comentario una y otra vez.

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Lo importante aquí es pausar un momento, identificar la causa o causas (ya que en muchas ocasiones son más de una a la vez) y darles solución para entonces sí poder ponernos a escribir. No es necesario solucionarlas todas para poder escribir; pero entre más solucionemos, más fácil nos resultara retomar la escritura.

A mí me sirvió mucho la lista que hice y luego organizar cada ítem en orden de prioridad. A medida que iba resolviendo cada ítem de la lista, mi mente y mis energías se iban liberando y empecé a poder concentrarme de nuevo en la escritura. ¡Hace apenas unos días atrás logré escribir casi cinco mil palabras!

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También, otra cosa que aprendí (o más bien recordé, pues tengo tendencia a pasarlo por alto cada tanto) es la importancia del descanso. A veces nos obligamos a seguir trabajando en algo específico o una cantidad de tiempo específico y terminamos exhaustos o bloqueados; así que es importante descansar un tiempo cuando vemos que el ritmo que llevamos nos está pasando factura, o que no logramos avanzar en un proyecto al que le hemos dedicado la mayor parte del tiempo.

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Eso sí, es importante que especifiquemos de antemano cuánto nos vamos a dar de descanso (¿Una hora?, ¿Un día?, ¿Una semana?, ¿Un mes?), para que después no se nos olvide "volver a la carga"  y también para poder disfrutar a plenitud el descanso que hemos decidido darnos.

En relación con esto hay dos tipos de descanso: el descanso activo y el descanso pasivo. Pero creo que hablaré con más detalle de ellos en una próxima entrada.

La verdad, me di cuenta que en relación con el tema de hoy hay mucha tela de donde cortar, demasiada como para desarrollarlo todo de una sola vez, así que es probable que en futuras entradas profundice en algunos de los aspectos aquí mencionados ;)



¿Se les ocurre alguna otra causa que les dificulte escribir?

¿Otras ideas para resolver esa maraña de situaciones que nos agobian?

7 comentarios:

  1. Tengo tiempo leyendo tu blog, y aunque te veo talento... debo decir que solo pones excusas para escribir. Siempre es "quiero/voy a escribir, PERO...". No me gusta citar, pero dijo Charles Bukowski en un poema: "Si vas a crear... http://zenpencils.com/wp-content/uploads/bukowski-Aire-y-luz-y-tiempo-y-espacio.jpg?9d7bd4"

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    1. Agradezco mucho tu comentario aunque no lo comparto. No estoy esperando el momento perfecto para escribir y ser creativa: YA escribo, YA soy creativa, YA produzco. AHORA estoy creando, AHORA estoy escribiendo, con lápiz y papel o en computador, a veces usando papelitos o servilletas. Pero lo hago AHORA.

      Si pusiera una analogía, creo que es como cuando un bebé aprende a caminar: se tambaleará y caerá muchas veces, pero eso no quiere decir que nunca vaya a caminar: esos tropiezos, esas fallas, son parte de su proceso de aprendizaje y son lo que finalmente le enseñará a pararse por sí mismo y caminar. En este sentido yo estoy aprendiendo a escribir una novela de principio a fin. Y lo que publico en este blog está muy relacionado con mi proceso. Publico fallas y retrocesos, pero también aprendizajes y avances.

      No sé si te diste cuenta que esta entrada no es solo sobre "¿Por qué nos cuesta escribir?" sino también qué podemos hacer para salir adelante y ponernos a escribir. Usando las estrategias que describo (la check list de cosas por hacer ordenadas de lo más prioritario a lo menos prioritario y darme un tiempo para descansar y recuperarme) logré escribir hace pocos días cinco mil palabras que avanzan mi proyecto actual de historia (más las casi cuatro mil que escribí el mes pasado y todo el resto del trabajo que hice durante ese mes y que no aparecerá en la novela como tal pero que son bases fundamentales en las que se sustenta lo que escribo).

      Un arquitecto antes de hacer planos y diseños se forma en arquitectura. Ya con la formación necesaria y con la experiencia que le dé la práctica, sus diseños y planos se irán volviendo mejores y sus proceso de trabajo más eficaz.

      Como escritora sé que lo más importante es escribir, pero a veces eso solo no basta. Quiero escribir lo mejor que pueda y creo que aprender sobre setting, sobre world-building, sobre construcción de personajes, sobre ritmo, dicción, etc. es importante para mejorar mi escritura y mi proceso; y por eso, además del tiempo para escribir, le dedico tiempo a aprender todas esas cosas sobre escritura.

      Es precisamente porque sé que la vida no es un sendero de pétalos de rosas y que las oportunidades hay que crearlas en vez de esperar un momento perfecto que nunca va a llegar, que me gusta hablar en mi blog sobre el proceso que voy llevando y lo que voy aprendiendo por el camino.

      Porque a escribir, se aprende. Y yo estoy en ese proceso. Y avanzo y retrocedo; pero sigo, siempre sigo adelante porque sé lo que quiero y estoy luchando para conseguirlo.

      Y comparto mi proceso y mis aprendizajes y descubrimientos en este blog, porque creo que hay personas que pueden estar pasando por un proceso similar, y tal vez algo de lo que escribo aquí les sirva, aunque sea tan solo para darse cuenta que no están solos, que hay otros como yo que también nos estamos formando como escritores y aprendiendo a escribir novelas.

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    2. ¿Sabes? Admito que la mayoría de las veces me quedo corta en el cumplimiento de mis metas. Pero yo no lo veo como algo malo per se.

      Para mí lo verdaderamente malo es no intentarlo. Hay personas que nunca fracasan sencillamente porque nunca lo intentan y para mí ese es el peor de los fracasos: no intentarlo. Son esas personas las que se quedan como el muchacho de la imagen que enlazaste, esperando siempre la oportunidad perfecta y las condiciones ideales para crear, para escribir.

      Yo no espero esas condiciones ideales, no me quedo estática esperando a que, por azar o por milagro, confluyan todas las condiciones ideales para la escritura. Yo lo intento, yo busco; y sí, me cuesta cumplir las metas que me propongo, pero aún así cada intento, fallido o no, me ha aportado algo valioso.

      Prefiero ponerme una meta de 50.000 palabras en un mes y al final terminar con 30.000 escritas, que acobardarme por el reto y no intentarlo. Porque los que no lo intentan al final del mes tendrán cero palabras y yo tendré 30.000.

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  2. Buena entrada. En mi caso, lo que más me impedía escribir no era la falta de tiempo (salvo el semestre pasado, que apenas pude dedicarle 30 minutos diarios a la escritura), sino la falta de un espacio cómodo.

    Y sobre el otro comentario... bueno, me parece que no ha leído bien esta entrada, ni mucho menos el blog.

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  3. solo pasaba por aqui9 de junio de 2014, 08:56

    Mira que de lo que leí aquí se me vino algo a la mente como un rayo de luz atravesandola con todo su poder (solo dolió un poquito).

    Mientras leía la parte de "- Condiciones ambientales y del espacio de trabajo" pensé que este tipo de cosas se pueden aprovechar como inspiración. ¿A qué me refiero?

    Simple. Supongamos que necesitas escribir sobre alguién que está digamos en un basurero o en algún lugar ocn un muy mal olor. Si en algún momento por diferentes razones nos encontramos con un olor molesto, tal vez nos ayude a entender comos e siente el personaje en cuestion y así escribir.

    Es solo un ejemplo de muchas cosas, la inspiración viene de diferentes formas, y creo que estar en una situación asi sea vagamente similar a la cuals e esta escribiendo podría ayudar ;)

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    1. En la entrada hablo de condiciones ambientales y de trabajo que nos pueden dificultar la escritura; pero concuerdo contigo en que si hacemos ciertas cosas de forma intencional, como un ejercicio para enriquecer nuestros escritos, pueden sernos de mucha ayuda.

      Al respecto he leído sobre escritores que se han tapado los ojos durante días e incluso semanas para ponerse en los zapatos de un ciego (aunque hay que saber hacerlo porque si no les podría dar una seria infección en los ojos) y así poder escribir sobre ello; y también actores que, para prepararse, pasan un tiempo viviendo en el "mundo real" de manera similar a su personaje para así poder entenderle mejor (muchos incluso toman lecciones de piano, equitación o combate cuerpo a cuerpo según lo requiera el personaje).

      Hay un decir de que "los escritores deben escribir sobre lo que conocen"; pero yo creo que también es importante que un escritor "aprenda sobre lo que quiere escribir".

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